jueves, noviembre 12, 2009

Se me hace bola

Cuando éramos pequeños, Hermano y yo jugábamos un montón con las hijas de unos amigos de mis padres. Peca era un año mayor que yo y Beca un año menor. Hermano fue el último en llegar, un año después de que naciera Beca. Tenemos decenas de fotos de toda nuestra infancia, en las que aparecemos los cuatro juntos, desde que éramos unos bebés hasta que fuimos adolescentes, desde las fotos en el patio de mi abuela, jugando con mis muñecas entre sus macetas de hortensias y de plantas del dinero, hasta las fotos en un valle suizo después de dar el estirón.

Es curioso lo que recuerda una. Una de las cosas que más recuerdo de Beca era una extraña "habilidad" que tenía y que traía por la calle de la amargura a su madre. Beca era terrible para comer. Remoloneaba con la comida, comía poquito a poquito y masticaba cada bocado mil veces. Tanto lo masticaba, que cuando quería tragar le había sacado todo el jugo a la comida y se le había quedado hecha una bola estropajosa en la boca. Su madre se pasaba toda la comida diciendo “Beca, traga. Beca, traga el filete. Beca, traga”. Al final Beca acababa tragando con muchos aspavientos o escupiendo la bola seca en una servilleta entre arcadas. Le pasaba con toda la comida, y una de las frases que más oíamos cuando estábamos juntas era “hay que ver esta chiquilla, que hasta se le hacen bola los fideos”.

Pues así estoy yo últimamente, acordándome de Beca, porque tengo un montón de cuestiones rondándome, a las que estoy dando demasiadas vueltas... y se me están haciendo bola.

Normalmente me cuesta manejar los conflictos: no suelo ser capaz de expresar ni bien ni a tiempo las cosas que me disgustan o que me entristecen. Al final suelo acabar con un agobio mortal, con un ataque de ira o con un bajón de ánimo importante. Con la edad y los palos que me he ganado por actuar así de mal, he ido aprendiendo a comunicarme mejor. Sigo aprendiendo poco a poco cómo hablar las cosas malas con calma y a tiempo, aunque aún me cuesta horrores.

Pero últimamente se me están abriendo muchos frentes de agobios... y se me están haciendo bola. A ver cómo la deshago.

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martes, noviembre 10, 2009

Esto tan bueno...

...es lo que no voy a tener*.

Éste no es uno de esos posts de ser feliz (lo siento). Tampoco es un post de llorar (que tampoco pasaría nada, porque éste es mi blog y lloro si quiero). Éste es un post de nostalgia, de cielos plomizos, de desamor.

Está en el aire. Una amiga que imagina un amor frustrado como lo mejor que ha estado cerca de tener. Otra que no puede dejar marchar al "amor de su vida" aunque lo que le ofrece no es suficiente -porque no es "todo"-. Un amigo al que le cuesta superar una historia pasada, y que ni siquiera sabe si quiere superarla. Spike, que sabe que no puede tener a Buffy pero no puede estar lejos de ella aunque le duela todo el rato.

Hace muchos años conocí a un chico que era todo lo que yo creía que quería, y al final la vida nos llevó por distintos caminos. Durante un tiempo me costó aceptar el haber encontrado "lo bueno" y que no fuera para siempre. Yo era pequeña y aquello dejó su marca: para empezar me hizo entender que la vida no es una película.

Años después hubo algo que quise aún más, y que llegué a tocar con los dedos. Al final resultó no ser tan bueno -ni ser para mí-, pero en el tiempo que me llevó descubrirlo iba del cielo al infierno. ¿La marca, esta vez? Perspectiva, y la consciencia de que la vida es una sucesión de épocas buenas y otras menos buenas... pero que lo malo nunca dura para siempre.

Así que lo entiendo perfectamente.

Y no puedo decir a mis amigos -y a Spike- "venga, supéralo, no pasa nada, la vida es corta pero ancha". Porque sé que unos tardarán más que otros pero al final todos estarán bien... pero ahora las cosas no son tan claras.

Lo que creemos "lo bueno" no siempre lo es. Cuando lo es, a veces no lo queremos. Todo el mundo es sustituible y nada ni nadie es tan bueno.

Sí, siempre se supera.

Pero la sensación, el "esto tan bueno es lo que no voy a tener", es una putada.

*La frase es de Punto de Luz y es perfecta.

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viernes, noviembre 06, 2009

El verano de A y Be, revisited


El mismo día que Redronin1b subió a es POP, mamá el post que escribí sobre chicos, canciones y cintas de varios, recibí un email de uno de los chicos de los que hablaba allí.

A -me siento incapaz de buscarle un nick, siempre le llamé por su nombre que además de inusual es bastante bonito-. El irlandés de la canción de Cuatro Bodas y un Funeral. El más inesperable e inesperado. El que vive en otro país, al que hace más de 15 años que no veo y en el que llevaba siglos sin pensar.

No fue una casualidad tan rara. Después de escribir el post (unos días antes de que fuera publicado) me dio por buscar a mi amiga irlandesa de aquellos tiempos (cuatro veranos en su casa, todos antes de Internet: llevo 8 años sin hablar con ella!!!). Hice algo de ruido en Facebook (invento del infierno) y así me encontró él.

Lo recuerdo así: yo llegué a Irlanda hablando un inglés zarrapastroso y muerta de panidez (pánico+timidez, según LaPerri); le conocí a las 24 horas de llegar y tal cual se me pasó (lo de la panidez, el broken english llevó más tiempo).

A era un chico de ojos azules, tres años mayor que yo, estudiante de ingeniería (al estilo light irlandés), amante de los deportes y de la guinness, supertierno y muy divertido. La primera palabra que me enseñó a decir fue "hug", y la segunda "joke". O al revés.
No quiero poner mis fotos así que he buscado cositas ilustrativas:

Este es un dibujo de las casas de la plaza de nuestro pueblecito
que he encontrado por ahí (como siga haciendo esto
un día vendrán los autores a correrme a gorrazos).

Y este es un pub donde solíamos tomar pintas
(él, yo martinis) hasta las mil (jo, cómo exagero,
más bien hasta el toque de campana y poco más).

Nos despedimos unas horas antes de que saliera mi avión de vuelta a Madrid, me pidió que fuera a verle durante el invierno y le dije que no podía. Ni lo intenté. Preveía que, si aquello no se cortaba por lo sano al acabar el verano, me quedaría colgada de sus ojos azules y pasaría un año fatal.

Así que cortamos por lo sano el momento "amor" (teníamos 16 y 19 años y el mundo estaba lleno de "otros" y "otras"), pero no el contacto. Nos escribíamos cartas larguísimas contándonos miles de movidas absurdas, y mi inglés mejoró de forma sorprendente. Terminé el año siendo de las mejores de mi clase, al curso siguiente estaba leyendo novelitas en inglés -la primera, A Little Princess de Frances Hodgson Burnett-, y dos años después empecé a estudiar Filología Inglesa -para drama humano de mi madre (que mola mil)- locamente enamorada del idioma y su literatura.

Para cuando terminé, habíamos dejado de escribirnos. Y nunca nos volvimos a ver, pero A cambió mi vida.

Yo no cambié la suya, pero me recuerda con cariño. Es fotógrafo y saca unas fotos chulísimas de esos deportes raros (y de otros más normales) que tanto le molaban. Ahora tiene el pelo más corto y más oscuro, pero los ojos igual de azules. Sigue siendo cero coqueto e igual de encantador. Y no, no pienso organizar un viaje de turismo sexual a Dublín.

Vale, es porque A está pillado. Y en bastantes líos me metí ya durante el año pasado.

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miércoles, noviembre 04, 2009

Un curso variadito

Me ha vuelto a pasar. Cada septiembre me digo que me voy a tomar el curso con tranquilidad... y acabo más liada que mi gatina con los tiradores de las cortinas. En esta ocasión, me ha entrado una especie de frenesí (desde que jugamos a las películas y me tocó representar frenesí, se me ha pegado la dichosa palabrita) y me he apuntado a muchas (demasiadas) clases de baile.

Empecé con tres clases a la semana: dos de danza oriental y, como me apetecía aprender algo nuevo, una de danza tribal (es una danza creada en EEUU y basada en movimientos de danza oriental y de diversos folklores del norte de África y Próximo y Medio Oriente).



Después me surgió una oportunidad muy buena para aprender... ¡danza africana! El año pasado vi bailar en varios festivales djembé y danzas de Senegal y me parecieron danzas muy energéticas y con pinta de ser muy divertidas. Cuando se me presentó la oportunidad de apuntarme a clases de danza africana probé, me gustó y llevo un mes y medio dando saltos al ritmo del djembé.



No se quedó ahí la cosa. Cuando pensé que ya tenía mi cupo de clases más que completo, me enteré de que una profesora fantástica de Bollywood con la que había dado unos cuantos intensivos estaba dando clases regulares y ahí que fue Misia de cabeza, porque el Bollywood es divertidísimo y me encanta esa mujer como profesora.



Resumiendo: he pasado de mis tres planeadas clases semanales a cinco. Además por cuestiones de horario, tres de esas clases se me amontonan en la misma tarde, todas seguiditas. Me va bien porque así no pierdo tanto tiempo en transporte, pero me estoy volviendo loca: empiezo la tarde dando saltos como una loca en danza africana, con las rodillas hiperflexionadas, la espalda inclinada y haciendo movimientos frenéticos. Inmediatamente después cambio el chip y me meto en clase de danza oriental clásica: ahí tengo que ser todo delicadeza, cadencia y rollo princesita. Y acabo la tarde con una clase de tribal, que me exige un nuevo cambio de chip (postura corporal y de brazos distinta, actitud más grave, movimientos más controlados). Cuando acabo, básicamente, me quiero morir (ya salgo agotada de la primera clase, así que imaginaos después de la tercera) pero salgo feliz.

Eso sí, lo de cambiar el chip no lo tengo muy conseguido, sobre todo porque después de tantos años de bailar danza oriental, ya me sale sin querer: en clase de africano y de Bollywood muevo demasiado las caderas y en clase de tribal me salen mis típicos bracitos orientales (que son exactamente lo contrario de cómo se deben mover los brazos en tribal). Me falta coger el rollo. Pero supongo que hasta que no se me crucen los cables y empiece a dar saltos al más puro estilo senegalés en plena clase de tribal el asunto no será grave.

No sé si aguantaré este ritmo todo el curso (dependerá de mis estudios, del bolsillo, de mis rodillas de viejita, de mi agobio, etc.) pero mientras tanto... ¡a disfrutar!

Por cierto, este fin de semana Morgana y su compañía estrenan Absenta. Allá que iremos Miss X, la Doctora Bells y Adalias y yo, porque Morgana y su compañía montan unos espectáculos brutales que merecen la pena ser vistos (mezclan danza tribal, funky, artes marciales.. y hacen cosas muy, muy vistosas).



La del vídeo es Morgana. Hace danza tribal fusión gótica (y fusiona con artes marciales y armas. Una demostración a partir del 1:55 del vídeo).

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martes, noviembre 03, 2009

Todo lo que no sabes de tu monitor


A mi compañera Parker se le apagaba solo el monitor del ordenador. La imagen iba y venía. En el momento más inesperado y seguramente en el menos indicado.

Así que el viernes llamó a los chicos de I.T.

-Mi pantalla no va.

Y en media hora tenía otra.

La pantalla nueva no le convencía: era sustancialmenre más pequeña que las demás, indiscutiblemente más baja, totalmente distinta y la única blanca de la redacción.

Pero fue tirando.

Hasta ayer, que necesitó escuchar a Espe decir noseque, y no iba.

La primera opción: preguntar a Be.

-Be, no oigo el corte. ¿Sabes dónde está el volumen en esta pantalla?

-Pues... hum, no es que no localice el volumen. Es que no localizo los altavoces: me temo que no tiene.

Como nos es imprescindible poder escuchar cortes, Parker volvió a llamar a I.T.

Esta vez le atendió la Informática Jefa. Ya os hablé de ella una vez: la que cuando desapareció mi ordenador me dijo que tenía que reconocer mi CPU a simple vista igual que reconocería mi coche. La llamada fue tal que así:

- Hola, sí, mira. La cosa es que me habéis cambiado la pantalla y la nueva no tiene sonido. (Murmullos en el teléfono) El viernes. (Más murmullos en el teléfono, Parker tapa el euricular y me dice muuuuuuy bajito) Hablar con ésta es terrible, porque habla idiomas y no la entiendo. (Y sigue en alto). Es que además es pequeña que las otras. (Siguen los murmullos, mientras Parker me habla a mí) Y yo no sé qué decirle. Espera. (Vuelve con la jefa de IT) ¿Sí? Pues es mucho más bajita que las demás, y de usarla me está saliendo hasta chepa. (Vuelven los murmullos en el teléfono, y Parker conmigo) Yo es que no entiendo lo que quiere decir, o sea, sé que para ella es normal... (A ella) Pero yo tengo que poder oir audios y videos y cortes. (A mí) Que no, que el mundo no es así. (A ella) ¿En serio? Vale.

Parker cuelga el teléfono con energía, me mira y dice:

-Que sepas que mi pantalla es la bomba.

Parker teclea con energía.

-Que sepas que la vuestras ya no se fabrican y que tienen más años que la Ragazza.

Parker sigue tecleando como si se le fuera la vida en ello.

-Cualquier informático de bien se estaría pegando por mi pantalla.

Parker deja de teclear.

-Lo que pasa es que la tuya funciona, y la mía no.

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lunes, noviembre 02, 2009

Una cinta de varios es POP

El post de hoy no está en Quédate a Dormir sino en es POP Mamá...

Se llama "Una Cinta de Varios Amores", y es ésta:


MusicPlaylistRingtones
Music Playlist at MixPod.com


Si queréis saber la historia de cada canción y empezar a celebrar el cuarto aniversario de es POP, mamá..., hagan clic aquí.

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viernes, octubre 30, 2009

My Horror Love: Igor y la Dama Blanca


Halloween, esa época del año llena de brujas, vampiros, fiestas de disfraces, calabazas... ¡y eventos especiales en El Emperador de los Helados! Lo que van a leer a continuación es mi participación "en donde Noel", pero tiene muchas más y todas molan mil. ¡Pásense!

Momento nostalgia: hubo un tiempo en que en la tele no había (tanta) mierda y durante unas horas cada tarde los niños podían ver series, dibujos y programas chupis (y otros no tanto).

Empiezo en plan abuela cebolleta para ponerme a tono con el objeto de mi amor.

Todo empezaba cada tarde con Maria Luisa Seco, y a partir de ahí cada día era distinto. Y cuando se acababa una serie nunca sabías qué vendría después. producciones Inglesas, italianas, austriacas, alemanas, australianas, checas… Un día, procedente del país del Este, llegó La Tía de Frankenstein (1987).

Esto va de que el nieto de Frankenstein quiere seguir con la tradición familiar y quiere dar vida a un cuerpo superfuerte con un cerebro superinteligente. Su intención es robar el cerebro de Einstein pero sus esbirros se equivocan de tarro. En el pueblo se recuerdan lo ocurrido tiempo atrás, deciden convertirse en "masa" y tomar por asalto el castillo… y se lía parda. Y en esto llega la tía a poner orden.

La tía Hanna encuentra no a su sobrino, que se ha largado, sino al monstruo "Albert" -con la mente de un adolescente salido-, al conde Drácula, un Hombre Lobo, un Hombre Fuego, un Hombre Anfibio, la Dama Blanca -un fantasma que atravesaba paredes, interpretada por Mercedes Sampietro- y un tal Igor -el típico criado anciano-.

Por ahí había también un niño pelirrojo y huérfano, que no recuerdo muy bien cómo llegaba… El caso es que la tía Hanna -que era una empedernida fumadora de puros!!!- terminaba por convertir el castillo en un "hogar" para una "familia" y educaba al pequeño huerfanito y al vacaburra de Albert, que pasa de ser "la hez" a "un tío bastante apañao".

La serie era rara -la estética era "sucia"; los personajes, monstruos; algunos sucesos, terribles-, y molaba mil.

La historia estaba cuajada de historias de amor. La más evidente, la de Albert con Klara, la farmaceutica del pueblo (una muestra de manual de que "el amor salva" con final feliz). También estaba el Hombre Anfibio, que vivía enamorado de una sirena que le dejó… y a la que recupera al final. El Hombre Lobo conoce a una loba muy mona una noche de farra. El Hombre fuego se lía con la herrera del pueblo. La tía decide adoptar al niño pelirrojo. Y, ¿quién queda?

Quedan Igor y la Dama Blanca.
Su historia venía de largo, de dos siglos atrás, cuando se enamoraron… cuando sucumbieron a ese amor prohibido (ella era una dama, él un criado) y fueron condenados a muerte (él en la horca, ella emparedada) y a vagar eternamente después, sin poder estar juntos. Al final de la serie la maldición se rompe, y ellos vuelven a la vida, vuelven a tocarse -¡sus caras cuando se tocannnnnn!-, vuelven a dormir (y lo que no es dormir).

Lo más. Mariposas en el estómago al mirarlos, señores. ¡Me molaba Igor! (La Dama Blanca también, pero menos).

Todos tenemos nuestras perversiones, esta era la mía a los 10 (una de ellas, tenía más). Ahora el mundo está lleno de enamoradas de Edward Cullen. Tan lleno que de cara a Haloween unos señores han lanzado un vibrador refulgente llamado The Vamp. Así que no me gruñan.

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